Estimados colegas, comparto mi opinión sobre esta noticia: se analiza el ambicioso y fallido proyecto de la Confederación Perú-boliviana, un recordatorio histórico de que los grandes proyectos de Estado, sin un marco legal sólido, están condenados al fracaso.
La Confederación, al igual que los megaproyectos de hoy, dependía de una arquitectura jurídica y política estable para su éxito. Su colapso no fue solo político; fue un fracaso en la integración normativa y en la provisión de seguridad para las inversiones de la época.
Hoy, el riesgo es idéntico. Se anuncian obras de infraestructura monumentales, pero la inestabilidad regulatoria y la politización de los contratos públicos generan una incertidumbre insostenible para el inversor. Las empresas que contratan con el Estado se enfrentan a un escenario donde las reglas pueden cambiar a mitad de camino, abriendo la puerta a disputas complejas y costosas. La visión no es suficiente si la ejecución carece de predictibilidad y respeto por los compromisos asumidos.
Mientras el Estado no garantice la predictibilidad regulatoria y la santidad de los contratos, veremos cómo los grandes proyectos de hoy se convierten en los monumentos de arbitrajes millonarios del mañana.
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