Estimados colegas, comparto mi opinión sobre esta noticia: más allá del optimismo exportador, la frase clave es “obra altamente comprometida”.
El liderazgo agrícola del Perú no se sostiene solo en el empuje del sector privado. Depende críticamente de la infraestructura pública: proyectos de irrigación, vías y puertos que hoy se encuentran entrampados en controversias contractuales y una deficiente gestión.
Cada día que una obra clave como Majes Siguas II o Chavimochic III permanece paralizada, no solo se generan sobrecostos y potenciales arbitrajes para el Estado. Se está saboteando la competitividad de toda una cadena productiva que confió en la promesa de una infraestructura que no llega. El riesgo sistémico para la inversión privada, que depende de la ejecución pública, es inmenso y se está subestimando.
Si el Estado no destraba con urgencia estos nudos contractuales, la ‘corona agrícola’ será un espejismo y la realidad será una ola de arbitrajes millonarios por obras inconclusas.
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